El misterio de Sarah Coleman: la joven que desapareció en 1993 y cuyo collar fue hallado dentro de una pared 30 años después

Milfield, Ohio, es uno de esos pequeños pueblos donde todos se conocen, donde los secretos se esconden tras las cortinas de las casas antiguas y los murmullos llenan los cafés en las tardes de otoño. Allí vivía Sarah Michelle Coleman, una joven de 17 años con sueños tan grandes como su corazón. Era 1993, y mientras otros adolescentes pensaban en bailes y fiestas, Sarah soñaba con estudiar literatura en la universidad, escribir historias y escapar de los límites de su pequeño mundo.

Llevaba siempre un collar de plata con un colgante en forma de libro abierto que decía: “Follow your dreams”. Era un regalo de su abuela, su amuleto, su promesa de un futuro brillante. Pero ese mismo collar, el símbolo de su esperanza, se convertiría tres décadas después en la clave de uno de los misterios más inquietantes de Ohio.

La rutina que se rompió para siempre

El 3 de noviembre de 1993, Sarah se levantó temprano como siempre. Desayunó con su madre, Linda Coleman, quien trabajaba dobles turnos en la fábrica textil del pueblo. Se despidieron con un beso en la frente. Nadie imaginó que esas serían sus últimas palabras.

El día transcurrió con normalidad. En la escuela, Sarah obtuvo una A+ en su ensayo sobre El Gran Gatsby. Almorzó con su mejor amiga, Jessica Martínez, y prometió verla pronto. Después de clases, fue a su refugio favorito: la biblioteca pública de Milfield. Allí estudió, revisó apuntes y tomó prestado un libro de Emily Dickinson.

A las 5:20 p.m., salió del edificio. Iba a pie hacia su casa, a solo seis cuadras de distancia. La vio una vecina en la esquina de Elm Street, caminando tranquila con su abrigo verde y su mochila al hombro. Cinco minutos después, desapareció sin dejar rastro.

La angustia de una madre

Cuando Linda regresó del trabajo a las ocho de la noche, notó algo extraño. La casa estaba igual que la había dejado. Sin luces, sin olor a cena, sin señales de su hija. Al principio pensó que Sarah se había quedado estudiando. Pero al pasar las horas, la preocupación se transformó en pánico. Llamó a Jessica, a la biblioteca, y finalmente a la policía.

El oficial Tom Williams fue el primero en llegar. En un pueblo pequeño, las desapariciones eran raras. Pero desde esa noche, Milfield dejó de ser el mismo.

Una búsqueda desesperada

Durante días, más de 200 voluntarios recorrieron cada rincón del pueblo: parques, bosques, sótanos, ríos. Ni una pista. El collar de Sarah, su mochila, su abrigo, todo había desaparecido. La policía interrogó a vecinos, compañeros de escuela, maestros. Nada.

El jefe de policía, Robert Martínez, tío de Jessica, pidió ayuda al Estado. Drones, perros rastreadores, helicópteros. La pista de Sarah se esfumó en la esquina de Elm y Third Street, como si la tierra se la hubiera tragado.

La psicóloga forense Dra. Patricia Wyn ofreció un perfil estremecedor: “No fue un ataque aleatorio. Alguien conocía sus rutinas, sabía cuándo y dónde estaría sola”.

La comunidad se dividió. Los rumores crecieron: un secuestro, una huida, un crimen pasional. Familias que antes compartían cenas ahora se miraban con recelo.

Treinta años de silencio

El tiempo siguió su curso, pero para Linda, cada amanecer era igual al primero. Puso anuncios en televisión, en periódicos, habló con detectives privados. Nunca perdió la esperanza.

Cada Navidad dejaba un regalo bajo el árbol para Sarah. En su mesa, el libro de Emily Dickinson permanecía abierto por una página marcada con lápiz: “Because I could not stop for Death — He kindly stopped for me.”

Jessica, su inseparable amiga, creció y se mudó, pero jamás dejó de contar la historia de Sarah. “Ella creía en el poder de las palabras —decía—. Su historia no puede quedar sin final.”

El hallazgo que cambió todo

En abril de 2023, tres décadas después, una empresa de construcción comenzó a renovar una casa abandonada en Maple Street, a solo cuatro cuadras de donde vivía Sarah. Durante la demolición de una pared interna, uno de los obreros encontró algo que los dejó helados:

Un collar de plata, en perfecto estado, con un colgante en forma de libro. En el interior, grabado con delicadeza, se leía “Follow your dreams”.

Los trabajadores detuvieron la obra y llamaron a la policía. En cuestión de horas, el lugar se convirtió en una escena forense. El Departamento de Policía de Milfield, ahora bajo el mando de la detective Laura Quinn, confirmó que el collar coincidía exactamente con el que Sarah llevaba el día de su desaparición.

Pero eso no fue todo. Detrás de la pared había restos de papel desintegrado: páginas de un cuaderno, aparentemente un diario. Los fragmentos eran ilegibles, pero algunos contenían palabras como “ruido”, “auto”, “frío” y “ayuda”.

Los investigadores también encontraron una pequeña hebilla oxidada que parecía parte de una mochila.

Nuevas sospechas

La casa perteneció en 1993 a un hombre llamado Frank Dalton, un plomero local que falleció en 2008. En su momento, había sido entrevistado brevemente por la policía, pues trabajaba cerca de la biblioteca el día de la desaparición, pero fue descartado al presentar una coartada.

Ahora, con el hallazgo del collar en su antigua vivienda, la investigación volvió a abrirse. Los registros mostraron que Dalton tenía antecedentes por conducta inapropiada con menores en los años 80, aunque los cargos fueron retirados por falta de pruebas.

El descubrimiento ha reavivado las preguntas que Milfield nunca pudo responder: ¿fue Sarah víctima de un crimen que alguien ocultó en plena vista? ¿Cómo terminó su collar dentro de una pared? ¿Y cuántos secretos más guarda esa casa?

El eco de una vida interrumpida

Hoy, Linda Coleman tiene 64 años. Vive sola, con las manos aún manchadas del tinte de la fábrica que la vio envejecer. Cuando la policía la llamó para confirmarle el hallazgo, su reacción fue un silencio largo, doloroso. “Sabía que algún día el pasado iba a hablar”, dijo entre lágrimas.

Jessica, ahora madre de dos hijos, viajó de regreso a Milfield para acompañarla. Ambas visitaron el sitio donde encontraron el collar. Colocaron flores y una carta con las palabras que Sarah siempre escribía en sus diarios: “Hay belleza incluso en las cosas rotas.”

La investigación sigue abierta. El FBI ha tomado muestras del material encontrado y trabaja con técnicas modernas de ADN. Los expertos creen que el hallazgo del collar podría conducir a la verdad que Milfield ha esperado durante tres décadas.

Mientras tanto, en el pequeño pueblo de Ohio, cada otoño los árboles vuelven a teñirse de rojo y dorado, como aquel noviembre en que una chica de 17 años caminó hacia casa y nunca llegó.

Pero ahora, por primera vez en treinta años, la historia de Sarah Coleman vuelve a tener voz.

Related Posts

Our Privacy policy

https://tw.goc5.com - © 2025 News