En el corazón de Manhattan, bajo las luces que nunca se apagan, una cena de negocios se transformó en la chispa de un drama que pocos habrían imaginado. Jackson Reed, multimillonario, dueño de Reed Enterprises y uno de los solteros más codiciados de Nueva York, decidió arriesgarlo todo en un movimiento inesperado: convencer a su propia analista financiera, Hazel Coleman, de fingir ser su esposa para asegurar un contrato multimillonario con empresarios japoneses. Lo que nadie podía prever era que esta actuación se convertiría en un juego peligroso donde la pasión, la ambición y los secretos corporativos se entrelazaron de forma irreversible.
La propuesta imposible
Hazel, una joven de 28 años que había escalado con esfuerzo en el mundo financiero, pasó en cuestión de horas de preparar reportes en su oficina a lucir un vestido de diseñador y joyas que superaban su salario anual. Frente a ella, Jackson Reed le hizo una petición tan absurda como inquietante: “Finjamos que eres mi esposa”. Su justificación parecía lógica: los potenciales socios japoneses valoraban los negocios familiares y un hombre casado transmitía estabilidad. Pero Jackson añadió una advertencia tajante: “No te enamores de mí”.
Para Hazel, aquello era solo un papel temporal. Sin embargo, durante la cena, entre sonrisas fingidas, toques calculados y un guion perfectamente ejecutado, las barreras comenzaron a tambalearse. Los empresarios quedaron fascinados con la pareja, y Hazel descubrió, para su propia sorpresa, que desempeñar el papel de “esposa” de Reed era más natural de lo que hubiera querido admitir.
De la actuación al ascenso
El éxito de esa primera noche marcó un antes y un después. Jackson, impresionado por el desempeño de Hazel, le otorgó una responsabilidad inesperada: liderar la próxima presentación ante la junta directiva. La joven que hasta entonces había sido invisible en los altos niveles de la empresa, de pronto se vio en el centro de todas las miradas. Con ello llegó también el precio: rumores en los pasillos, miradas envidiosas y el cuestionamiento sobre si su ascenso estaba realmente ligado a su talento o a su supuesto matrimonio secreto con el jefe.
Hazel, lejos de ser ingenua, impuso sus condiciones. Si iba a continuar con la farsa, sería bajo reglas claras: respeto a su carrera, límites personales y un ascenso legítimo. Jackson aceptó, iniciando así una alianza peligrosa en la que lo profesional y lo personal comenzaron a confundirse.
Cuando la mentira llega a casa
Si mantener la apariencia ante los inversionistas era difícil, engañar a la propia familia de Hazel resultó devastador. Sus padres, sorprendidos al leer en una columna social sobre su “matrimonio secreto”, llegaron a Nueva York exigiendo respuestas. Jackson, siempre calculador, interpretó con perfección el papel de yerno encantador. Reveló detalles de su pasado que incluso Hazel desconocía: la muerte temprana de su padre, los años de sacrificio para mantener a su madre enferma, sus inicios en un garaje. Por primera vez, Hazel vio al hombre detrás del magnate y la línea entre ficción y realidad se volvió difusa.
Pero su padre, economista de profesión, no tardó en sospechar. Su intuición le decía que la relación estaba ligada al multimillonario contrato con los Tanaka. Y, aunque no tenía pruebas, dejó sobre la mesa una advertencia: “Los negocios pueden devorar al amor”.
Espionaje y traición
Mientras Hazel intentaba mantener a flote su carrera y la fachada matrimonial, un evento inesperado sacudió Reed Enterprises. Un grupo desconocido irrumpió en las oficinas durante la madrugada, dirigiéndose directamente a los archivos del contrato con los Tanaka. Nada fue robado físicamente, pero los sistemas de seguridad revelaron un acceso ilegal a la información más sensible de la empresa.
Jackson y Hazel, convertidos ahora en algo más que cómplices, se sumergieron en el análisis de los documentos. Descubrieron irregularidades financieras en el grupo Tanaka: movimientos sospechosos a través de empresas fantasma y señales de que el conglomerado enfrentaba serios problemas económicos. ¿Era una estrategia desesperada para asegurar la inversión de Reed? ¿O un intento de sabotaje interno? Todo apuntaba a un enemigo oculto, quizá dentro de la misma empresa, dispuesto a todo para derribar el acuerdo.
Entre el amor y la desconfianza
En medio de la tensión, los muros emocionales de Jackson comenzaron a resquebrajarse. Detrás de su famosa regla de “no enamorarse” se escondía un pasado doloroso: la muerte de su padre por exceso de trabajo, la destrucción de su madre y una traición pública de su ex prometida, Victoria Huntington. Para Jackson, amar significaba vulnerabilidad, y vulnerabilidad era sinónimo de pérdida.
Hazel, sin proponérselo, comenzó a romper ese blindaje. Entre noches de desvelo trabajando juntos, confesiones inesperadas y un magnetismo imposible de ignorar, la ficción se transformó en un sentimiento peligroso y real. Pero mientras la atracción crecía, también lo hacía la amenaza sobre Reed Enterprises.
El baile de máscaras en la gala benéfica
La prueba definitiva llegó en la gala benéfica del Metropolitan Museum of Art, donde coincidieron inversionistas, rivales y los propios Tanaka. Entre copas de champán y trajes de gala, los secretos flotaban en el aire. El hijo de los Tanaka, Kenji, dejó entrever que su empresa enfrentaba una crisis mayor de lo que admitían, confirmando las sospechas de Hazel. Al mismo tiempo, un miembro del consejo de Reed, Harold Winters, insinuaba saber demasiado sobre las irregularidades financieras y el robo de información, levantando nuevas dudas sobre quién estaba detrás de todo.
La pareja falsa se convirtió en el centro de atención, atrapada entre sospechas de espionaje, alianzas internacionales y una atracción cada vez más difícil de ocultar. Lo que comenzó como un simple disfraz matrimonial ahora amenazaba con desatar un escándalo de proporciones devastadoras.
Un futuro incierto
Lo que Hazel creyó que sería un juego de dos semanas se transformó en un torbellino de poder, traición y sentimientos prohibidos. Reed Enterprises estaba al borde de un contrato histórico, pero también de una caída estrepitosa. Y mientras las piezas del rompecabezas se acomodaban, Hazel comprendió que la regla de Jackson ya estaba rota: ambos estaban peligrosamente cerca de enamorarse.
En un mundo donde todo tiene un precio, la pregunta que queda en el aire es inevitable: ¿cuánto vale el amor cuando lo arriesgas todo por el poder?