
Por: Redacción de Crónicas Actuales
El vasto y majestuoso paisaje de Alaska, con sus imponentes glaciares y bosques interminables, es a menudo el escenario de aventuras inolvidables. Sin embargo, para la familia Thornton, lo que comenzó como una escapada invernal idílica se transformó en un capítulo oscuro que jamás podrán borrar de sus memorias. En el corazón del Parque Nacional Wrangell-St. Elias, una cabaña de alquiler escondía un secreto que había permanecido en silencio, bajo las tablas del suelo, durante más de una década. Esta es la historia de cómo un hallazgo fortuito cerró las heridas de una familia que llevaba 14 años esperando respuestas sobre el destino de Carolyn Mace.
El Hallazgo que Paralizó a una Familia
Era el 14 de enero de 2023. David Thornton, su esposa Sarah y sus dos hijos habían viajado desde la ciudad buscando la paz del invierno alaskeño. Se alojaron en una cabaña remota, a 12 kilómetros de McCarthy, esperando disfrutar de la pesca y el aislamiento. Pero la curiosidad de David al notar unas tablas sueltas bajo la cama principal desencadenó el horror. Esperando encontrar quizás un nido de roedores o aislamiento viejo, su linterna iluminó algo metálico: una maleta vieja, remachada y envuelta meticulosamente en cinta aislante, cubierta por años de polvo.
El instinto humano es curioso, y David, con la ayuda de Sarah, sacó el pesado objeto. Al cortar la cinta envejecida y abrir la tapa, el aire de la cabaña se tornó denso. No había tesoros ni recuerdos olvidados. En su lugar, encontraron restos humanos, forzados en una posición antinatural para caber en el espacio reducido, acompañados de ropa oscura, un dispositivo GPS antiguo y un suéter con manchas que el tiempo no había podido borrar.
El pánico se apoderó de la familia. Sarah sacó a los niños de inmediato mientras David, con manos temblorosas, usaba su teléfono satelital para contactar a las autoridades. Aquel momento marcó el fin de sus vacaciones y el comienzo de una investigación que sacudiría a la comunidad local.
Carolyn Mace: Un Sueño Interrumpido
Para entender la magnitud del hallazgo, debemos retroceder a 2009. Carolyn Mace era una joven de 27 años, llena de vida y pasión por la naturaleza. Ecologista de profesión y originaria de Minnesota, había ahorrado durante meses para cumplir su sueño: recorrer una de las rutas más desafiantes de Alaska. Era una excursionista experimentada, preparada y cautelosa.
El 9 de agosto de 2009, Carolyn se registró en el libro de visitas del parque y partió hacia el glaciar Ruth. Esa fue la última vez que se supo de ella. Cuando no regresó en la fecha prevista, se desplegó una búsqueda masiva. Helicópteros, perros rastreadores y voluntarios peinaron la zona. Lo único que encontraron fue un brazalete roto cerca de un arroyo.
Ante la falta de pistas, y dadas las peligrosas condiciones del terreno llenas de grietas glaciares, las autoridades concluyeron tristemente que Carolyn había sufrido un accidente fatal, cayendo en alguna grieta profunda donde su cuerpo nunca sería recuperado. El caso se enfrió, dejando a sus padres, Thomas y Margaret, en un limbo de dolor e incertidumbre.
La Verdad Emerge del Subsuelo
Catorce años después, la maleta en la cabaña cambió todo. Los forenses, liderados por la Dra. Elizabeth Chen, confirmaron mediante registros dentales y ADN que los restos pertenecían indudablemente a Carolyn Mace. La teoría del accidente se desmoronó al instante. Alguien había acabado con su vida y la había ocultado deliberadamente.
El detective Marcus Holloway asumió el caso con una nueva perspectiva: ya no era una desaparición, era un crimen. La investigación se centró primero en el propietario de la cabaña, Clayton McGregor, un anciano de 78 años. Sin embargo, los registros de aerolíneas confirmaron su coartada: estaba en Fairbanks visitando a su hija durante las semanas críticas de 2009. Esto significaba que alguien más había usado su cabaña vacía como escondite.
La Pista del Vecino Recluso
Revisando los archivos de 2009, los detectives encontraron una conexión inquietante. Un guía local, Jake Harrison, había sido interrogado en su momento, pero tenía coartada. Sin embargo, su tío, Milo Shelton, vivía a solo dos kilómetros de la cabaña donde se encontró el cuerpo. Shelton era un hombre con antecedentes penales por agresiones, conocido por su carácter solitario y extraño.
Lo más sospechoso era que Shelton había desaparecido misteriosamente en 2010, un año después de la desaparición de Carolyn. Su casa, ahora una ruina abandonada, se convirtió en el foco de la nueva investigación.
Al inspeccionar el sótano de la casa de Shelton, los investigadores encontraron un escenario de pesadilla: anillas en la pared y una cadena, sugiriendo que alguien había sido retenido allí contra su voluntad. Las pruebas de ADN fueron definitivas: cabellos encontrados en un viejo colchón en ese sótano pertenecían a Carolyn Mace.
La Reconstrucción de los Hechos
La policía pudo armar las piezas del rompecabezas. Se cree que Carolyn se encontró con Shelton en el camino. Él, posiblemente fingiendo ser un local amable, la atrajo a su propiedad o la interceptó. La joven fue retenida en ese sótano antes de su fatal desenlace.
Para deshacerse de la evidencia, Shelton utilizó la cabaña de su vecino, sabiendo que estaba vacía. Levantó las tablas del suelo y escondió la maleta, creyendo que nadie la encontraría. Fue un plan macabro que funcionó durante casi tres lustros, hasta que la casualidad intervino.
Justicia Divina y Cierre
La pregunta sobre el paradero de Milo Shelton también se resolvió, aunque de una manera sombría. En 2023, al cruzar datos de ADN con cuerpos no identificados, se descubrió que un hombre encontrado sin vida en un bosque en 2020 era Shelton. Había fallecido por un disparo, un final violento para una vida violenta, aunque las circunstancias exactas de su deceso siguen siendo un misterio.
Aunque no hubo un juicio terrenal para Shelton, la familia de Carolyn finalmente obtuvo lo que más anhelaba: la verdad. En junio de 2024, en una emotiva ceremonia, los padres de Carolyn esparcieron sus cenizas en el parque que ella tanto amaba, liberándola finalmente de la oscuridad de esa maleta.
“Vivimos en la incertidumbre durante 14 años”, dijo su padre, Thomas. “Ahora sabemos que se ha ido, y aunque nos rompe el corazón, hay un cierto alivio sombrío en saber la verdad”.
Este caso ha dejado una huella imborrable en la comunidad y ha servido para reforzar las medidas de seguridad para viajeros solitarios en Alaska. La cabaña del horror fue demolida, pero la memoria de Carolyn perdura como un recordatorio de la fragilidad de la vida y la importancia de la vigilancia, incluso en los lugares más bellos de la tierra.