
En agosto de 2017, la desaparición de Alejandro Ruiz, un brillante estudiante de geología de la Universidad de Sonora, marcó el inicio de uno de los misterios más dolorosos del norte de México. Alejandro, de 21 años, era conocido por su disciplina y su amor por los paisajes áridos de su estado natal. Aquel sábado, partió en su motocicleta hacia las zonas remotas de Sonora para realizar una investigación de campo, un viaje que, según prometió a su madre en un último mensaje, terminaría el domingo por la tarde.
Su motocicleta fue hallada días después cerca de una ruta de senderismo. Estaba perfectamente estacionada, con el tanque lleno y sin signos de violencia. Sin embargo, Alejandro se había esfumado. Durante semanas, grupos de voluntarios y autoridades locales peinaron el desierto bajo el sol abrasador, pero la inmensidad del terreno y las tormentas de arena borraron cualquier indicio. El caso, como tantos otros en el país, fue archivado como una desaparición más, hasta que el destino decidió revelar la verdad en mayo de 2023.
El hallazgo que rompió el silencio
En un área de cañones poco explorada, lejos de las rutas turísticas, un par de excursionistas descubrieron restos humanos y un objeto inusual: un contenedor metálico que protegía un cuaderno de notas. Al abrirlo, los peritos de la Fiscalía General de Justicia del Estado se encontraron con algo sin precedentes: el diario de supervivencia de Alejandro Ruiz. El papel, preservado del clima extremo por su cubierta metálica, contenía seis días de entradas desesperadas que transformaron una supuesta muerte accidental en una investigación criminal de alto impacto.
Una crónica de dolor e indiferencia
El diario narra una historia que ha indignado a la sociedad sonorense. Tras sufrir una fractura expuesta en la pierna que le impedía caminar, Alejandro se refugió entre las rocas, confiando en que alguien pasaría por la zona. Sus notas describen cómo, a partir de la segunda noche, comenzó a ver luces de linternas y a escuchar voces.
“Vi a dos personas lejos. Grité, pero no se acercaron”, escribió Alejandro el 15 de agosto. Lo que siguió fue una pesadilla de abandono. El estudiante documentó que estas personas se acercaron en su ausencia o mientras él estaba inconsciente para robarle lo poco que tenía. “Se llevaron mi termo de agua. Encontré una colilla de cigarro cerca de donde estaba. Estuvieron aquí y me escucharon gritar, pero no me ayudaron”, decía una de las últimas y más desgarradoras entradas. Alejandro murió no solo por la falta de agua y su lesión, sino por la crueldad de quienes decidieron ignorar sus súplicas.
Justicia para Alejandro
La clave definitiva llegó gracias a la ciencia forense. En el lugar del hallazgo, los investigadores recuperaron la colilla de cigarrillo mencionada en el diario. El análisis de ADN arrojó una coincidencia con los registros criminales: pertenecía a un hombre vinculado a un grupo de “gambusinos” (buscadores ilegales de metales) que operaba en minas abandonadas de la región, conocidos por su historial de agresiones a personas que invadían lo que ellos consideraban su territorio.
Este sospechoso, identificado como un residente local con antecedentes por robo con violencia, fue detenido en agosto de 2023. El caso de Alejandro Ruiz ha dejado de ser una estadística de desaparición para convertirse en un símbolo de la lucha contra la impunidad en México. Su madre, quien nunca dejó de buscarlo, recibió finalmente los restos de su hijo y su diario, el último legado de un joven que, incluso en sus horas más oscuras, tuvo la valentía de escribir la verdad para que el mundo supiera lo que realmente ocurrió en las profundidades del desierto de Sonora.