El Cinturón Ganadero Que Rompió 17 Años de Silencio: La Verdad Oculta en la Feria de San Marcos

La tarde del 29 de abril de 1989, la ciudad de Aguascalientes se transformó en un crisol de festividad. La Feria Nacional de San Marcos, el evento magno del centro del país, alcanzaba su punto álgido. Las calles resonaban con música, el aire se cargaba de aromas y miles de turistas recorrían los pabellones. En el corazón de esta efervescencia, dentro del área ganadera, se desarrollaba una tragedia silenciosa. María del Carmen Roldán Ávila, mejor conocida como Maca, una ganadera de 34 años con una presencia imponente y una visión moderna de su oficio, desapareció sin dejar el menor indicio.
Maca, hija del respetado Fermín Roldán, había acudido al recinto para supervisar la revisión de ganado de concurso. Esa noche, poco antes de las 8, el sol caía sobre el polvo dorado de los corrales cuando un ayudante notó que su camioneta seguía allí, cerrada, pero sin su dueña. No hubo testigos que la vieran partir, ni gritos que alertaran; simplemente se desvaneció. A pesar de la presión familiar, el caso fue inicialmente registrado como una simple ausencia voluntaria. No fue sino hasta la mañana siguiente, ante la insistencia de los Roldán, que se abrió una carpeta por desaparición bajo circunstancias sospechosas.
La Sombra de la Feria y la Persistencia de un Padre
Los primeros rastreos policiales fueron infructuosos. Se revisaron establos, bodegas y alrededores, pero no encontraron nada. Dentro de su camioneta, el bolso de Maca estaba intacto, pero faltaban tres elementos cruciales: la llave de encendido, el teléfono móvil de la época y su sombrero vaquero. Este último, un sombrero distintivo con una banda trenzada y una medalla antigua de San Benito, se convertiría más tarde en un detalle desgarrador. También se reportó la ausencia de su cinturón vaquero, una pieza de cuero repujado, hecha a mano, que llevaba grabada a relieve el hierro familiar de los Roldán.
Mientras la maquinaria festiva de la feria continuaba con fuegos artificiales y cabalgatas, la ausencia de Maca se intentaba acallar. La prensa local apenas dedicó un pequeño espacio a la noticia. Para las autoridades, la falta de pruebas directas llevó a centrar la hipótesis en una supuesta huida, insinuando rumores de relaciones clandestinas o agobio por deudas, pese a que los libros de cuentas no ofrecían ninguna confirmación. El expediente 1129/89 se convirtió en un archivo durmiente, acumulando polvo en los sótanos de la entonces Procuraduría.
El dolor de la familia Roldán se transformó en una búsqueda incansable. Fermín, el padre, movilizó a investigadores privados y a todos sus contactos. La fotografía de Maca fue pegada en postes y distribuida en gasolineras, un rostro de mirada firme que pedía ser recordado. Sin embargo, Fermín falleció en 1999 sin haber podido encontrar a su hija. En un acto de profunda resistencia, dejó instrucciones de que la hacienda no se vendiera y que cada mes de abril se colocara una cinta negra en el acceso principal, como un mudo testimonio de su luto y su negativa a olvidar.
El Detalle Olvidado y el Viaje del Silencio
La década del 2000 trajo consigo la digitalización de archivos y nuevos métodos forenses. Fue entonces cuando Aurora Roldán, la hermana menor de Maca, asumió el estandarte de la memoria. Creó una página web dedicada a casos de ausencias en ferias y eventos públicos, recopilando testimonios y patrones. En 2005, durante una revisión meticulosa de documentos desclasificados, Aurora recuperó una copia del inventario de los objetos personales de Maca. Allí, entre descripciones técnicas, encontró la línea que cambiaría el curso de la historia: la mención al cinturón de cuero, y un pequeño detalle, un remache desgastado cerca del extremo, aparentemente suelto. Ese detalle, físico y tangible, se le grabó en la mente.
La señal que tanto esperaban llegó el 3 de mayo de 2006, casi 17 años después. A kilómetros de Aguascalientes, en el kilómetro 307 de la autopista 57, un camionero de ruta larga llamado Miguel Tabuada detuvo su tráiler en la gasolinera El Centinela, en San Luis Potosí. Mientras lavaba su vehículo, notó una vibración extraña en la bomba de presión. Al abrir el filtro, entre lodo seco y residuos, extrajo un objeto endurecido y rígido por el tiempo: un cinturón de cuero repujado con un símbolo inconfundible, el hierro ganadero de los Roldán.
El camionero, que sintió la peculiaridad del hallazgo, tomó una fotografía del cinturón y la publicó en un foro de transportistas. Una semana después, Aurora Roldán recibió un mensaje anónimo que la dirigió a esa publicación. Al ver la imagen, sintió un vértigo inmediato. Ahí estaba, inconfundible, el grabado del hierro familiar, la hebilla conmemorativa y, lo más estremecedor, el remache suelto que recordaba de las viejas actas. La evidencia de Maca había emergido del subsuelo.
La Ciencia Rompe el Enigma
Aurora contactó de inmediato a las autoridades, logrando la reactivación del expediente 1129-89. El cinturón fue trasladado al laboratorio de criminalística regional para un análisis riguroso. Los peritos trabajaron con precisión quirúrgica. Bajo luz ultravioleta, detectaron zonas de fluorescencia anómala que las pruebas confirmaron como la presencia de hemoglobina fosilizada en la cara interna.
Pero el hallazgo más contundente fue la detección de un compuesto lubricante específico: el DLT59. Este lubricante había sido prohibido en 1990 y era de uso casi exclusivo en las plataformas hidráulicas de pesaje para ganado, justo el tipo de maquinaria que funcionaba en el área de Maca en la Feria Nacional de San Marcos. La coincidencia del lubricante, su fecha de desuso y el hierro ganadero en el cinturón establecieron una conexión directa e irrefutable con el lugar y el momento de su ausencia.
El último eslabón científico fue el genético. Tras semanas de trabajo, los técnicos forenses lograron extraer microfragmentos de tejido epitelial incrustados en las costuras. El ADN aislado fue comparado con una muestra proporcionada por Aurora. El resultado fue un contundente 99.98% de coincidencia. El cinturón pertenecía a María del Carmen “Maca” Roldán Ávila.
El Retorno del Sospechoso Olvidado
La investigación se centró entonces en el lugar del hallazgo, la gasolinera El Centinela. Los archivos revelaron un dato inquietante: el encargado nocturno del lugar, por más de 15 años, era Rogelio Serrano Rojas. El nombre no era ajeno a la hermana de Maca; una nota archivada de 1989 lo mencionaba brevemente como “Mozo de Cuadras, acceso al módulo nocturno”. Su declaración inicial, tomada por un policía auxiliar, había sido archivada sin verificación.
Los fiscales trazaron la línea temporal. Rogelio había trabajado entre 1987 y 1989 en el mantenimiento nocturno de los corrales y las plataformas hidráulicas de la feria, el lugar exacto donde Maca desapareció. Al ser confrontado en julio de 2006, Rogelio cometió un error crucial: afirmó que en 1989 no vivía en Aguascalientes, una contradicción flagrante con su propia declaración de 17 años atrás.
Con esta inconsistencia como sustento, y frente a la evidencia del cinturón, la Fiscalía solicitó una muestra voluntaria de ADN. Para los investigadores, el rompecabezas estaba a punto de completarse. Una búsqueda de testigos condujo hasta Evaristo Huerta, un extrabajador de ganado jubilado, quien recordó haber visto a Maca discutiendo acaloradamente con un hombre de overol azul, un empleado de mantenimiento. “Ella gritaba que eso era trampa, que no lo iba a permitir”, testificó.
La confirmación oficial llegó el 12 de julio de 2006. El informe genético sellado estableció con un 99.9987% de coincidencia que el material biológico en el cinturón correspondía a Rogelio Serrano Rojas. Era la prueba irrefutable.
El Lugar de la Verdad y la Sentencia Inapelable
Con la verdad genética en mano, la Fiscalía reconfiguró el caso a un acto violento que resultó en el fin de la vida y ocultamiento de evidencia. La reconstrucción de los hechos, basada en las bitácoras laborales y el testimonio de Evaristo, sugirió que Maca confrontó a Rogelio por irregularidades en el pesaje (posible dopaje o fraude). En un forcejeo, él la empujó, y ella se golpeó la nuca con un ángulo metálico de la compuerta. El miedo y un historial de inestabilidad personal habrían empujado a Rogelio a ocultar el cuerpo en un corral en desuso, intentando disolver la evidencia con calviva que se usaba para la higiene del ganado.
Se solicitó una orden judicial para excavar el antiguo Corral 21, que ahora era un área de escombros. Tras días de búsqueda, removiendo una capa de cal petrificada bajo la base de cemento, los antropólogos forenses hallaron fragmentos de tela, una hebilla metálica y, finalmente, restos humanos. Entre ellos, se recuperó un cráneo con una lesión compatible con traumatismo contundente. El hallazgo más emotivo fue un sombrero de ala ancha, aplastado, pero reconocible, con la medalla de San Benito colgando. Era el sombrero de Maca.
Las pruebas de ADN confirmaron la identidad. Con el cuerpo recuperado, la Fiscalía llevó a Rogelio a juicio, acusándolo de la acción que derivó en la pérdida de la vida, ocultamiento de persona y obstrucción de la justicia. La audiencia inicial se realizó en diciembre de 2006. Los fiscales desplegaron un caso meticuloso, usando el cinturón como prueba material central y una proyección 3D de la lesión craneal para demostrar la ausencia de auxilio.
Rogelio, que había intentado negarlo todo, terminó admitiendo su responsabilidad, declarando que no tuvo intención de quitarle la vida y que fue un accidente impulsado por el miedo a ser denunciado por fraude. El 22 de mayo de 2007, se dictó sentencia: 45 años de prisión, sin derecho a beneficios, por el acto violento y el encubrimiento.
Un Minuto de Silencio que es Justicia
La noticia de la sentencia, tras 18 años de espera, resonó como un trueno. En la plaza principal de Aguascalientes, el silencio que había cubierto el caso fue finalmente roto por la justicia.
La historia de María del Carmen “Maca” Roldán Ávila se transformó en un símbolo de la lucha contra el olvido. Ese mismo año, en la edición de la Feria de San Marcos, se organizó un acto simbólico: a las 8 de la noche del 29 de abril, la hora de su desaparición, se guardó un solemne minuto de silencio en el área ganadera. Las luces del pabellón se apagaron, dejando solo una lámpara encendida sobre un corral vacío marcado con un listón negro.
Hoy, la feria no solo habla de espectáculos y tradición, sino también de memoria. Una placa de bronce en la entrada principal del área ganadera reza: “A la memoria de María del Carmen Maca Roldán Ávila, cuyo silencio forzado abrió la puerta a la verdad.” Su caso no solo cerró un expediente de dos décadas, sino que impulsó la revisión de más de 20 carpetas inactivas de ausencias en eventos masivos.
El olvido no pudo ganar. Cada 29 de abril, cuando el silencio cae como una losa sobre la feria, se recuerda que, a veces, la verdad solo necesita un pequeño remache suelto para desatar la justicia