¡Alerta en el Desierto Mexicano! El Caso que Sacudió a Chihuahua y Reveló una Red Clandestina Bajo Tierra

Nota del Editor: Se ha adaptado el contexto, la geografía y la terminología para resonar con el periodismo de sucesos y la realidad social de México, manteniendo la fidelidad a la narrativa original. Los nombres de los personajes se conservan para la coherencia de la trama, mientras que las ubicaciones y los organismos han sido mexicanizados.

El 25 de octubre de 2015, el vasto y enigmático desierto de Chihuahua, con sus imponentes cañones y su historia minera, dejó de ser un simple escenario de paisajes áridos para convertirse en la cuna de un misterio que desafió la lógica. Aquella mañana, tres senderistas que exploraban una ruta poco convencional en la Sierra de la Candelaria, cerca del Ejido Ocampo, se toparon con un joven en un estado lamentable. Estaba desorientado, descalzo y cubierto de polvo, con la ropa hecha jirones. Su nombre: Donald Wright. Era uno de los dos hermanos desaparecidos cuatro meses antes, y su milagrosa reaparición en esas condiciones no era un rescate, sino la punta de un oscuro iceberg que se extendía bajo la arena.

La Última Pista en la Ruta del Cobre
La pesadilla comenzó un sofocante 21 de junio de 2015. Donald Wright, de 24 años, y su hermano menor, Christopher, de 16, partieron para lo que se suponía sería una caminata de fin de semana en una zona conocida por sus antiguas vetas de cobre. Dejaron su camioneta, una Ford Escape, en un paraje junto a la carretera federal 16. Eran jóvenes con experiencia en el senderismo extremo, pero se aventuraron en una ruta que se desviaba hacia un camino abandonado, una antigua trocha minera conocida localmente como “El Sendero del Fantasma”.

Su madre, al no tener noticias de ellos y con la certeza de que el servicio de telefonía celular se perdía fácilmente en la zona, esperó. La alarma se disparó a la mañana siguiente. El reporte fue ingresado en la Fiscalía General del Estado de Chihuahua.

La búsqueda se inició de inmediato, movilizando a equipos de Protección Civil y la Agencia Estatal de Investigación (AEI). La camioneta estaba cerrada, sin signos de violencia, lo que indicaba una partida voluntaria. Los rastreadores, sin embargo, pronto encontraron una serie de huellas ambiguas. Dos pares de pisadas, una firme y otra con pasos erráticos, se dirigían directamente hacia la trocha minera, lejos de la ruta turística.

Los perros adiestrados perdieron el rastro donde el sendero se transformaba en un lecho de roca. La zona era un laberinto de peñascos, grietas y barrancos secos. A pesar de los sobrevuelos del helicóptero de la Policía Federal y el barrido exhaustivo de las barrancas, no se encontró ni una gorra, ni una cantimplora, nada. Tras tres semanas de infructuosa búsqueda, y sin una sola pista de lo que pudo haber ocurrido, las operaciones activas se suspendieron. El caso se archivó como una desaparición en el vasto desierto.

El Cautiverio del Túnel Minero
Donald fue encontrado en un estado de deshidratación crítica y shock emocional. Los paramédicos que lo estabilizaron notaron que las profundas laceraciones y marcas de fricción en su cuerpo no eran producto de una caída o un vagabundeo; eran consistentes con un confinamiento prolongado en un espacio metálico y estrecho.

El momento que marcó el punto de inflexión fue en el helicóptero de traslado. A gran altura, Donald despertó brevemente y, con una voz apenas audible, lanzó una advertencia cruda y directa que resonaría en todo el estado: “No aterricen cerca de la mina. Nos escucharán.”

La detective Ana Williams, asignada al caso desde el principio, puso toda su atención en la Mina La Pretendida, una concesión minera abandonada de los años 70. Los forenses encontraron pruebas irrefutables: restos microscópicos de polvo mineral, una composición geológica única de ese sector, incrustados bajo las uñas y en la ropa de Donald. Él no solo había estado allí, sino que había estado en lo más profundo de las galerías.

A medida que se recuperaba, Donald relató una historia de terror y supervivencia. Los hermanos fueron emboscados por hombres armados con acento extranjero, pero que se comunicaban con fluidez, cerca del Sendero del Fantasma. Los separaron rápidamente. La última vez que escuchó a Christopher, el adolescente gritaba su nombre, seguido de un fuerte estampido. Donald estaba seguro de que a su hermano le había ocurrido un fatal desenlace.

Su propia prisión era un barril o contenedor de metal reconvertido, colocado en un espacio diminuto. Describió el constante zumbido de un generador y el fuerte olor a amoníaco. Estos eran los indicadores inequívocos de una plantación oculta operando con métodos sofisticados de camuflaje.

La Sombra en el Subsuelo
Pero el componente más perturbador del testimonio de Donald fue la presencia de una cuarta figura que aterraba incluso a sus captores.

“No estábamos solos. Había alguien abajo, en otra habitación”, susurró Donald a la detective. Describió una respiración pesada y pasos sordos y fuertes, pero sin palabras. “No es humano. No hablaba.”

La fuga de Donald, activada por una tormenta intensa que distrajo a uno de sus vigilantes, culminó con el sonido metálico de una gran compuerta de seguridad cerrándose automáticamente a sus espaldas. Este detalle fue crucial.

La Fiscalía General del Estado, en coordinación con la Policía Federal, montó una operación de asalto a la Mina La Pretendida. La excavación reveló una placa metálica bajo tierra, confirmando la existencia de una entrada oculta. Los equipos encontraron el contenedor de Donald vacío y, en una cámara contigua, un campamento abandonado con tres literas.

En una galería adyacente, encontraron las huellas de la tragedia: una mochila desgarrada, identificada como la de Christopher, y una gran mancha oscura en el suelo. Había indicios de que el lugar había sido abandonado de prisa, con el grupo criminal coordinando una evacuación total.

La Confesión y el Último Rastreo Sísmico
El caso se estancó hasta 2018, cuando una operación en Nuevo México contra una red de contrabando y cultivos ilegales condujo al arresto de Marcus Row. En su teléfono, la policía encontró una carpeta con fotografías de las operaciones. Una imagen mostraba a dos de los perpetradores junto a Christopher, confirmando que el joven había sido retenido en la plantación.

Row, a cambio de una reducción de sentencia, confirmó el incidente fatal de Christopher la primera noche y el lugar donde sus restos habían sido ocultados: una grieta remota e inaccesible en el Cañón del Río Salado. El hallazgo posterior de los restos del adolescente confirmó la naturaleza violenta de su deceso y la frialdad metódica con que el grupo lo había ocultado.

El testimonio de Row reveló que la red operaba utilizando túneles mineros abandonados en varios estados, con sistemas de ventilación y compuertas de seguridad. Insistió en la existencia del líder anónimo, un hombre al que todos temían y que era el encargado de la disciplina y las decisiones extremas.

El golpe final a la investigación fue la confirmación geológica. Los geosensores que la AEI había instalado en la Mina La Pretendida, que estuvieron inactivos durante años, registraron pulsos cortos y repetidos de movimiento subterráneo en 2018. El patrón de estos movimientos se alineaba con las rutas de escape del grupo.

La conclusión de las autoridades federales fue escalofriante: el grupo criminal no fue simplemente desmantelado; evacuó de forma organizada. Y la cuarta persona, la figura silenciosa y temida descrita por Donald y confirmada por Row, podría seguir activa.

El informe final de la Fiscalía en Chihuahua cerró el caso de los hermanos Wright con una frase que se convirtió en una leyenda urbana: “El desierto nos devolvió al cuerpo y la verdad. Pero la sombra, la sombra persiste moviéndose bajo tierra.” Las últimas lecturas sísmicas indicaron que el movimiento anómalo se dirigía no hacia la frontera, sino hacia el norte, hacia zonas vírgenes donde ningún mapa oficial registra labores mineras. El misterio de la figura subterránea de la Mina La Pretendida, la sombra que aterrorizaba a los perpetradores, sigue siendo una amenaza activa en el vasto e indómito desierto mexicano.

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