El Enigma de la Selva: Hallan restos de turista desaparecida hace 33 años suspendidos en un árbol en Chiapas

En el otoño de 2023, la densa vegetación de la Reserva de la Biosfera El Triunfo, en el estado de Chiapas, México, reveló un secreto que había permanecido oculto durante más de tres décadas. Marcus Jenkins, un guardabosques con amplia experiencia en la zona, realizaba un patrullaje de vigilancia contra la tala ilegal en un sector restringido del bosque de niebla. Al levantar la vista hacia la copa de un gigantesco roble, divisó una silueta extraña que se balanceaba a unos seis metros de altura. Lo que inicialmente confundió con un rito local o un objeto olvidado, terminó siendo el hallazgo forense más impactante de los últimos tiempos en el sur del país.

La figura estaba sujeta a las ramas con un complejo sistema de cuerdas de escalada profesional y alambre. Los restos pertenecían a Emily Carter, una joven de 26 años que desapareció el 7 de octubre de 1990 mientras realizaba una excursión en solitario por las rutas de la sierra chiapaneca. Durante 33 años, su nombre encabezó las listas de personas desaparecidas en México, mientras sus padres agotaban recursos y esperanzas en una búsqueda que parecía no tener fin. La pregunta que hoy resuena en las fiscalías es: ¿cómo pudo un cuerpo permanecer suspendido en un área de difícil acceso sin ser detectado por las intensas brigadas de búsqueda de aquella época?

Emily era una turista experimentada que amaba la biodiversidad de México. Aquel octubre de 1990, se registró en la entrada de la reserva con un plan de ruta claro. Fue vista por última vez por una pareja de visitantes cerca de los senderos principales, luciendo su equipo de senderismo y una cámara fotográfica. “Es un día perfecto para ver al quetzal”, comentó con una sonrisa. Sin embargo, cuando su vehículo alquilado fue encontrado abandonado días después, se inició una de las operaciones de rescate más grandes de la década, que incluyó helicópteros y perros rastreadores, sin obtener un solo rastro.

La reapertura del caso en 2023 ha sacado a la luz detalles técnicos que apuntan a un acto deliberado y sumamente planificado. La detective Sara Collins, encargada de la investigación criminal, señaló que los nudos utilizados para fijar los restos al árbol —como el nudo de bolina y el ocho doble— son técnicas avanzadas que solo conocen alpinistas, espeleólogos o personal de rescate altamente capacitado. Además, el tronco presentaba marcas de equipo de ascenso, lo que confirma que el responsable escaló el árbol cargando el cuerpo para dejarlo en una posición de exhibición permanente.

La necropsia realizada por peritos mexicanos determinó que la causa de la pérdida de la vida fue un traumatismo craneoencefálico provocado por un objeto contundente. La identificación definitiva se logró gracias a un anillo de plata con las iniciales “S” grabadas, una pieza de joyería que su madre le había regalado y que Emily nunca se quitaba. Este hallazgo ubica la escena del crimen a varios kilómetros de las rutas turísticas convencionales, en una zona donde la niebla es tan espesa que la visibilidad suele ser nula, lo que ayudó al agresor a ocultar su acto durante tanto tiempo.

En los expedientes originales de 1990, figura el testimonio de unos excursionistas que afirmaron haberse cruzado con un hombre de unos 35 años que vestía ropa de camuflaje de estilo militar. El sujeto caminaba con prisa, evitaba el contacto visual y tenía una herida fresca en la mano derecha. Aunque en aquel entonces se investigó a varios residentes locales y ex-miembros de fuerzas de seguridad con antecedentes sospechosos, las pruebas fueron insuficientes para realizar arrestos. Con el descubrimiento actual, la lista de sospechosos se ha reactivado, centrándose en individuos que hoy tendrían alrededor de 70 años y que poseían habilidades de escalada en la zona.

Expertos en psicología criminal que colaboran con la fiscalía sugieren que el acto de suspender el cuerpo en las alturas denota una personalidad sádica con una fuerte necesidad de control sobre la víctima y el entorno. Al convertir a la joven en un “espantapájaros” eterno, el agresor buscaba una forma de inmortalizar su crimen, confiando en que la inmensidad de la selva mexicana protegería su secreto. Actualmente, se están revisando otros casos de mujeres desaparecidas en zonas boscosas de Veracruz y Oaxaca ocurridos en la misma época para determinar si existe un patrón de un agresor serial en el sureste de México.

A pesar de que muchos de los involucrados originales han fallecido, la ciencia moderna ofrece una última oportunidad para la justicia. Se ha logrado extraer un perfil genético masculino de una pequeña fibra atrapada en la cuerda original. Aunque este ADN aún no coincide con los registros actuales de la plataforma nacional, las autoridades mexicanas confían en que el avance de las bases de datos familiares permita identificar al responsable.

Emily Carter finalmente ha regresado a casa, pero su caso sigue siendo un recordatorio de los misterios que aún habitan en las profundidades de las reservas naturales de México. Mientras el viejo roble en Chiapas sigue en pie, ahora vigilado por cámaras ocultas, la comunidad de senderistas y guardabosques mantiene la guardia alta, esperando que el tiempo termine por entregar al hombre del camuflaje que, por más de tres décadas, logró burlar a la justicia.

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