Padre e hijo desaparecidos en las Montañas Rocosas: 20 años después, una tormenta revela la desgarradora verdad

En julio de 1999, Mark Ellison, un capataz de construcción de 42 años de Calgary, y su hijo de 15 años, Evan, emprendieron lo que ambos esperaban fuera una aventura inolvidable por las remotas Montañas Rocosas canadienses. Para Mark, este viaje representaba una oportunidad de reconectar con su hijo y escapar de las tensiones de la vida urbana, mientras que para Evan, más reservado y artístico, era una ventana para contemplar y capturar la inmensidad de la naturaleza a través de su sketchbook.

Durante semanas previas, Mark se preparó meticulosamente: compró equipo nuevo, estudió mapas topográficos y compartió su entusiasmo con amigos y familiares. “Será bueno para nosotros”, dijo a su hermana. “Tiempo a solas, solo el chico y yo”. El 18 de julio, cargaron sus mochilas en una vieja camioneta Ford y se dirigieron hacia el Parque Nacional Banff, iniciando un viaje que nadie imaginó que sería su última aventura.

Las Montañas Rocosas son conocidas por su belleza imponente y su carácter implacable. Su ruta planeada atravesaba valles poco transitados, ríos glaciares, praderas alpinas y crestas abruptas donde las tormentas podían aparecer sin aviso. Aunque llevaban provisiones suficientes para una semana, incluso la mejor preparación se volvió frágil ante la fuerza de la naturaleza. El último registro confiable de su presencia fue en la tarde del primer día, cuando fueron vistos en el estacionamiento del sendero Mustaya Canyon. Después de eso, desaparecieron sin dejar rastro.

Los días siguientes fueron desesperantes para sus familiares. Por más de una semana, los equipos de búsqueda recorrieron senderos, valles y crestas, utilizando helicópteros y perros rastreadores, pero la montaña parecía haberlos engullido por completo. Los indicios eran escasos y falsos: mochilas viejas, huellas de un oso negro, rumores de grizzlies… nada llevaba a una conclusión definitiva. La angustia de la familia creció, y la esperanza se mezcló con la especulación sobre lo que realmente había sucedido.

Mark Ellison, conocido entre amigos por su espíritu inquieto y sus problemas personales, se convirtió en un personaje de controversia. Algunos sugerían que la excursión podría haber sido un escape deliberado de sus deudas y fracasos; otros creían que solo era una tragedia natural. Los diarios y cartas de Evan, aparecidos después de su desaparición, revelaban un adolescente admirativo de su padre, pero consciente de sus temores y del peso de sus expectativas. Sus bocetos mostraban siempre figuras diminutas frente a cumbres enormes, un reflejo simbólico de la vulnerabilidad frente a la inmensidad de la naturaleza.

A pesar de los años de incertidumbre, la historia permaneció congelada en silencio hasta agosto de 2019. Una tormenta histórica arrasó Banff y Yoho, alterando ríos, bosques y glaciares. En medio de esta destrucción, un grupo de excursionistas descubrió la boca de una cueva de hielo parcialmente colapsada. Lo que emergió de la permafrost dejó al mundo en shock: restos humanos, un campamento completo, objetos personales y un diario que relataba los últimos días de Mark y Evan.

El hallazgo fue como abrir una cápsula del tiempo. Los restos mostraban a un padre y su hijo que habían tratado de sobrevivir, pero sucumbieron lentamente al hambre y al frío. El diario de Evan narraba un inicio esperanzador, seguido de un descenso hacia la desesperación: raciones escasas, tormentas interminables y la sensación de que su padre estaba cada vez más agotado, obsesionado e incomprensible. Algunos pasajes sugerían que Mark había llevado a su hijo más allá de la ruta planificada, en una experiencia que combinaba supervivencia, prueba personal y, posiblemente, obsesión.

La evidencia física coincidía con los relatos escritos: un campamento meticulosamente organizado, objetos congelados en posiciones deliberadas, símbolos tallados en madera y mapas con rutas erráticas. No había señales de violencia, pero la disposición de los elementos sugería un escenario cuidadosamente preparado, dejando espacio a la especulación sobre intenciones y decisiones finales. La muerte fue oficialmente atribuida a hipotermia y desnutrición, pero el “por qué” permanece incierto. ¿Fue un accidente? ¿Una elección deliberada de Mark? ¿O simplemente la naturaleza cobrando su precio?

La familia Ellison recibió finalmente el cierre formal: los cuerpos de Mark y Evan habían sido identificados. Pero para ellos, el alivio fue agridulce. Las preguntas sobre los últimos momentos, las motivaciones y las decisiones que los llevaron a esa cueva siguen flotando como fantasmas en el viento de las Rocosas. Las cartas y bocetos de Evan continúan siendo testigos mudos de un adolescente atrapado entre amor, miedo y una aventura que se volvió mortal.

Hoy, las Montañas Rocosas siguen siendo un santuario y una trampa, un lugar de belleza indomable que atrae soñadores, exploradores y buscadores. Algunos regresan con historias que contar; otros, como Mark y Evan Ellison, se convierten en parte de la historia misma, recordándonos que la naturaleza nunca se deja domar y que, a veces, los misterios más profundos no están en lo que sucede afuera, sino en lo que sucede dentro de quienes se atreven a adentrarse en su inmensidad.

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