La Marca del Ojo Ciego

Un Secreto Sepultado en las Capas de la Tierra
El sol no era más que una promesa roja sobre el abismo del Gran Cañón cuando Hans Weber vio la figura. Una silueta en el borde de Lipan Point, inmóvil. No era un turista. Era una estatua de miseria.

Tres años de silencio se hicieron añicos en ese instante.

🔪 El Regreso Silencioso (1 de Septiembre de 2017)
Los ojos de Siran Hales estaban vacíos. Desorbitados. Un paisaje quemado. Su barba, una maleza gris. Sus ropas eran harapos pegados a un esqueleto. Un médico susurró catatonia. Hans solo había visto el terror.

En el hospital de Flagstaff, Kate Harrow, la hermana de Selena, entró como una ráfaga. Su esperanza era un cuchillo afilado. El aire, denso y frío.

—¿Dónde está Selena? —La voz de Kate, un hilo tenso.

Siran se movió. Lento. Como una placa tectónica.

—Kate… —El sonido fue un raspado.

Ella se acercó, le tomó la mano, sintiendo la piel como papel de lija. —Siran, ¿qué pasó? ¿Dónde está mi hermana?

Su rostro se contrajo. Un dolor más profundo que las costillas rotas. No físico. Dolor visceral. Se cubrió la cara con esas manos, cubiertas de cicatrices finas. Cicatrices de un arte cruel.

—No pude… salvarla.

Silencio. El monitor cardíaco pitaba, indiferente.

—Él se la llevó.

Kate tembló. —Él, ¿quién? ¿Dónde está ahora?

El vacío regresó a los ojos de Siran. El interruptor, apagado.

—No pude salvarla… Él se la llevó.

El Dr. Elis tiró suavemente de Kate. El diagnóstico era claro: Trauma extremo. La mente había construido un muro para sobrevivir. Pero la marca en el hombro de Siran, una tosca quemadura con forma de ojo, no era imaginaria. Era real. Una llave a la verdad.

🔦 El Hunter (Tres Días Después)
La Dra. Meredith Chang era tranquila. Una roca en la tormenta. Se sentó frente a Siran. No presionó. Solo escuchó.

—Estás a salvo, Siran.

Él no la miró. Sus ojos fijos en la pared.

—No era un turista. —Su voz, un susurro ronco, cortó el aire. —Era un cazador. Nos estaba esperando.

—¿Un cazador?

—El Cazador de Sombras.

Siran no era un hombre de mitos. Era una leyenda del Cañón. Su voz cobró una urgencia febril.

—Vive en el Cañón. Es parte de él. Se mimetiza con las rocas. Nunca habló. Solo observaba. Gestos. Y una mirada. Sus ojos…

Se tensó. Sus ojos grises se llenaron de un terror renovado.

—¡Sus ojos!

Y entonces gritó. Un alarido primitivo que resonó por el ala. Se arrastró bajo la cama. Temblando. La catatonia era solo la punta del iceberg.

El Sheriff Jenkins no podía esperar. Secuestro. Asesinato Presunto. El FBI entró en escena. Si había un maníaco en el Cañón, la lista de desaparecidos cobraba un nuevo y macabro significado.

💥 La Decisión de Siran (El Día Diez)
Kate vivía en un motel. Pasaba sus días con Siran. Esperando. Rezando. El dolor se había transformado en poder.

Al décimo día, la dosis de sedantes era menor. Siran estaba comiendo solo. Kate le estaba leyendo en voz baja. De repente, su mano la agarró. Fuerte. Una fuerza olvidada.

—Tengo que decírtelo. —Claro. Decisivo. —Antes de que… se la lleve a otro sitio.

Kate se inclinó. Su corazón latía con furia.

—He visto su cara, Kate. Y cuando salga de aquí… voy a encontrarle. Le reconoceré.

Ella quiso gritar su nombre, el nombre del Cazador, pero Siran se había retirado de nuevo. Sin gritos. Sin esconderse. Solo una mirada fija en la silueta lejana del Cañón. Una mirada llena de determinación. La promesa de la redención.

🗺️ El Mapa Escondido (El Despertar)
La Dra. Chang y el Agente Richard Gant (FBI) se sentaron. Silencio. La tercera sesión.

—No era un criminal cualquiera. —Siran susurró, sorbiendo agua. Sus manos temblaban, pero la voz era estable. —Era como un espíritu con forma humana.

—¿Y cuánto tiempo vivía allí? —preguntó Gant con cautela.

—Años. Podría ser décadas.

Siran se inclinó sobre el mapa del Cañón que le ofrecieron. Su dedo trazó una línea al este del sendero Wolf Creek.

—Nos retuvo aquí primero. Viejo Barracón Minero. Campamento del Paso de la Bruja. —Dibujó un diagrama detallado en otra hoja. Un pasadizo estrecho. La única entrada.

—Nos mantenía encadenados, pero escondí mi diario. Bajo las literas. Si sigue ahí… encontrarán un mapa.

—¿De qué?

—De los otros lugares. El barracón era temporal. Luego nos trasladó… más profundo. A La Cantera del Ojo. —Siran señaló un punto no marcado. —Allí… está su verdadero hogar.

Sinclair, el detective local, asintió. La historia de Siran era precisa.

⛏️ El Barracón y la Prueba (El Día Uno de la Búsqueda)
El equipo de búsqueda —guardabosques, rescatistas, Sinclair, Gant y Kate (su súplica fue irrefutable)— siguió las líneas temblorosas de Siran. El peligro era palpable. El calor, un enemigo.

Seis horas después, entre rocas idénticas, encontraron el pasadizo.

—Sé por qué no los encontraron. —Sinclair se deslizó por la estrecha abertura.

El Barracón del Paso de la Bruja. Ruinoso. Sucio. El desorden del terror.

Sinclair se dirigió al camastro. Metió la mano. Encontró el cuaderno envuelto en plástico. Las iniciales: SH.

Kate sostuvo el diario de Siran. Las primeras páginas eran notas de viaje. Luego, el horror.

Día 3, noche. Algo va mal. Luces. Nos observan. Nos agarró. No sé quién es. No habla. Si estás leyendo esto, estamos atrapados. Vea el mapa en la última página. Nos está llevando allí. Selena cree que es un coleccionista. Se lleva souvenirs. A veces cosas, a veces personas.

La última página. Un mapa dibujado apresuradamente. CANTERA DEL OJO. Una flecha.

Encontraron más. Una correa de cámara desgarrada. Un tejido único. De Selena.

—Esto lo confirma todo. —Gant estaba grave.

El guardabosques identificó la Cantera del Ojo. El Laberinto Rojo. Un área minera abandonada. Terreno inestable. Un lugar donde un fantasma podría vivir sin ser molestado.

—Pero ¿cómo escapó Siran? —preguntó Kate. La pregunta, un veneno.

La respuesta no llegó. Solo el eco en el Cañón. Ahora tenían un destino. Una misión. Una esperanza.

⛓️ La Aguja y el Fantasma (El Día Tres de la Búsqueda)
La expedición a la Cantera del Ojo estaba dirigida por Ernest Wilkins, un exguardabosques de 70 años, piel de cuero, ojos de halcón.

—La Aguja. —Wilkins señaló un paso sin señalizar. Tan estrecho que tuvieron que arrastrarse.

Al salir, un infierno. Un foso enorme, rodeado de acantilados dentados. Caos. El Laberinto Rojo.

Caminaron lentos. Cautelosos. Cada paso, una traición a la tierra.

—Alguien ha estado aquí. —dijo Wilkins por la tarde. Ramas rotas. Frescas.

Al anochecer, una cabaña. Humo. No era él. Era Jake Faraday, un ermitaño. Treinta años en el Cañón.

—No vive nadie más aquí. —dijo Jake, escéptico.

Sinclair mostró el retrato robot del Cazador de Sombras.

Jake miró. Asintió lento. —Le llamo El Fantasma. Lleva aquí diez años. Nunca se acerca, pero observa.

—¿Sabes dónde vive?

Jake señaló hacia el norte. —La vieja Mina de Mercurio. El Fantasma de Plata. No bajo allí.

El último avistamiento de Jake: hace una semana. Subía por el valle. Solo. Cargando un fardo.

🌑 La Mina del Fantasma (El Enfrentamiento)
El viaje a la Mina del Fantasma de Plata duró tres horas. Un agujero oscuro en la roca. Wilkins repartió máscaras.

—Nos movemos de tres en tres. Nadie se desvía. Si lo cruzan, no disparen de inmediato.

El túnel. Húmedo. Olor a azufre. Inscripciones viejas. A 500 metros, la primera señal de vida: un fuego reciente. Estuvo aquí anoche.

Siguieron las pistas. Salas de equipos oxidados. Símbolos extraños en las paredes: círculos con puntos. Marcando su territorio.

Encontraron un ramal. Una cueva pequeña. La entrada disimulada.

El equipo se heló. La cueva era una vivienda. Cama. Mesa. Herramientas. Y las paredes…

Docenas de fotografías. Recortes. Mapas. Una pared de rostros. Imágenes tomadas con teleobjetivo. Turistas. Desprevenidos. Selena y Siran estaban allí. Varias instantáneas.

Sobre la mesa, un diario encuadernado en cuero.

—Estamos tratando con un loco. —Gant abrió el diario. —Escribe sobre limpiar el Cañón de invasores. Proteger la tierra sagrada. Se cree un defensor de la naturaleza.

Una foto sobre la mesa. Un círculo rojo. Un edificio en una meseta. Último lugar. Fin.

De repente, la radio del guardabosques. —Movimiento desde la entrada sur. Alguien se acerca.

Silencio. Absoluto. Se dirige a casa.

🩸 La Cara y la Promesa (La Captura)
La sombra se estiró en la pared del túnel. Luego la silueta. Alto. Chaqueta desgastada. Una escopeta de caza.

—¡Policía! —Sinclair salió de su escondite.

El hombre reaccionó. Tiró el arma. Corrió hacia un túnel lateral. Error.

Wilkins ya lo esperaba. Una embestida. Precisa. Feroz. El viejo guarda, una máquina.

—¡No te muevas! —La rodilla de Wilkins en su espalda.

La resistencia cesó.

Cuando le dieron la vuelta, el equipo vio el rostro. El rostro que había atormentado a Siran. Bronceado. Arrugas. Ojos grises. Una larga cicatriz blanca desde la sien hasta la barbilla.

Wilkins se fijó en el detalle más extraño. Las botas de montaña. Caras. Nuevas.

—Son las botas de Siran.

El Cazador de Sombras, ahora esposado, no opuso resistencia. No dijo una palabra. Solo miró. Una mirada penetrante. La de un depredador evaluando a su presa.

Cuando lo sacaron a la luz, el viejo Jake retrocedió, horrorizado.

—Dios mío… es Robert Cutter. Geólogo del Servicio de Parques. Pensamos que había muerto en un corrimiento hace 15 años.

El Fantasma de la Mina. Vivo.

Registraron la cueva. Volvieron a examinar las pertenencias. Encontraron lo que Siran había descrito. Un pequeño cuaderno. Siran lo había escondido.

Al abrirlo, la última página estaba escrita con una letra desesperada. Selena.

Nos está volviendo locos. Dice que es para un propósito superior. Me he roto el tobillo. Él me cuida, pero sé por qué. Nos necesita a ambos. Él está obsesionado con la Mesa de las Estrellas. El viejo observatorio. Dice que es allí donde se limpiará nuestra alma. Es el final. Le he dicho a Siran que huya. Que se esconda. Que espere. Que lo intente. Yo no puedo. Mi pierna. Le hice jurar que regresaría por mí. Si no lo hace, sé que él lo hará. Lo sé. Tiene mi cámara. Mi último carrete de fotos.

El último carrete. El pensamiento cruzó la mente de Kate.

El Shadow Hunter, Robert Cutter, estaba atado a un árbol. Impasible.

Sinclair se acercó al geólogo. —Ella está viva, ¿verdad? Selena Harroway.

Cutter levantó lentamente los ojos. Sus labios se curvaron en una sonrisa. Una sonrisa carente de emoción.

—Ella ha encontrado la paz.

—¿Dónde está, Cutter? —Gant no gritó. Su voz era mortalmente tranquila.

Cutter inclinó la cabeza hacia la meseta remota. La Mesa de las Estrellas.

—Esperando.

Kate respiró hondo. Dolor. Poder. Redención. Su hermana estaba viva. Una pequeña esperanza.

Pero otra pregunta carcomía a Sinclair. —Siran, ¿por qué regresó después de tres años?

Cutter miró a los detectives. La calma se rompió por un instante. Un brillo de astucia en sus ojos.

—No escapó. Lo dejé ir.

Silencio absoluto.

—Necesitaba que alguien contara mi historia. Que lo trajera de vuelta. Que trajera a la policía. Al Cañón. Ahora el ciclo está completo.

El hombre no era solo un secuestrador. Era un demente maestro de ceremonias. Usó el dolor de Siran, su amor por Selena, para forzar el rescate, para mostrar su “trabajo” al mundo. Siran era el mensajero.

El equipo se dirigió hacia la Mesa de las Estrellas. Dejaron a Cutter atado. Su mirada, una promesa silenciosa de venganza. La historia de Siran no era una de huida. Era una de sacrificio y promesa.

Kate corrió. Sola. Quería estar allí primero. Su hermana. La última esperanza.

La última palabra de Siran en su diario: “Volveré, mi amor. O moriré intentándolo.”

El Cañón se había cobrado su precio. Ahora exigía el final.

Related Posts

Our Privacy policy

https://tw.goc5.com - © 2026 News