El misterio de Jake Morrison: el adolescente desaparecido que sobrevivió cinco años en los bosques de Oregón

En la fría noche de octubre de 2019, Jake Morrison, un joven de 17 años con sueños de estudiar informática en la Universidad Estatal de Oregón, pidió un Uber para volver a casa después de una fiesta. Nunca llegó. El conductor, Michael Davis, un hombre de familia con una reputación intachable, tampoco volvió. Aquella desaparición sacudió Salem, Oregón, y dejó a la familia Morrison atrapada en un limbo de incertidumbre.

La última señal de vida de Jake fue un breve mensaje a su madre: “Mom getting an Uber home now”. Un texto rutinario, sin advertencias ni sospechas. A medianoche, sus amigos lo vieron subir a un Honda Civic plateado y alejarse. Esa fue la última vez que alguien lo vio.

En los días siguientes, el pánico se apoderó de su madre, Sarah Morrison. La aplicación de Uber mostraba un recorrido interrumpido en la carretera hacia las Montañas Cascade, y tanto el celular de Jake como el de Michael se apagaron al mismo tiempo. La policía movilizó patrullas, perros de búsqueda, drones y hasta buzos, pero la ruta se desvanecía en la nada.

Durante cinco años, Sarah vivió un tormento interminable. Mantuvo viva la búsqueda con mapas, grupos de voluntarios y publicaciones en redes sociales. “Una madre sabe cuando su hijo sigue ahí fuera”, repetía. Aunque muchos le aconsejaban seguir adelante, ella se aferraba a la esperanza.

En marzo de 2024, todo cambió. Unos excursionistas que practicaban geocaching en un sector remoto del Bosque Nacional de las Cascadas encontraron un coche oxidado y cubierto de musgo. Era el Honda Civic. Dentro, los restos de Michael Davis aún reposaban en el asiento del conductor. La escena desconcertó a la policía: el vehículo estaba cerrado por dentro, sin signos de violencia externa. Sin embargo, algo crucial lo alteraba todo: Jake no estaba allí.

Las pistas en el lugar revelaron una verdad perturbadora. El vidrio trasero había sido roto desde dentro y alrededor del maletero se hallaron restos de sangre pertenecientes a Jake, junto con su sudadera favorita manchada de tierra y sangre. Para los investigadores, aquello significaba solo una cosa: Jake había sobrevivido al accidente y había escapado al bosque.

Sarah, devastada pero firme, comprendió que su hijo no había sido víctima de un crimen común: había sido un sobreviviente desde el primer momento. El hallazgo reactivó la búsqueda, esta vez en los bosques interminables de Oregón.

El giro definitivo llegó dos semanas después. Una llamada de un centro de atención en Bend, Oregón, informó que un paciente conocido como “David”, sin identidad y con amnesia severa, había reaccionado con fuerza al ver en las noticias la foto del coche hallado en el bosque. Decía: “Ese es el auto de Michael. Traté de ayudarlo”.

Cuando Sarah lo vio, su corazón se quebró: aquel joven de cabello largo y barba tenía una cicatriz en la ceja, la misma que Jake había llevado desde niño. Cinco años después, por fin lo tenía enfrente.

La historia que emergió fue tan aterradora como increíble. Michael Davis había sufrido un infarto fulminante al volante, desviando el coche hasta lo más profundo del bosque. Jake, desesperado, intentó rescatarlo, pero el conductor murió en el acto. Con la batería de su celular agotándose y sin manera de salir por las puertas bloqueadas, rompió el cristal trasero y salió con lo poco que pudo cargar.

Durante casi dos semanas, Jake sobrevivió en la naturaleza más hostil, usando sus conocimientos de boy scout. Encontró agua en arroyos, construyó refugios improvisados y buscó comida silvestre. El trauma psicológico y un accidente en el que golpeó su cabeza terminaron por borrarle la memoria. Cuando fue hallado por excursionistas, estaba desnutrido, sin identificación y sin recuerdos de su vida anterior. Nadie lo conectó con el adolescente desaparecido en Salem.

Rebautizado como “David”, pasó cinco años en un centro de cuidados, aprendiendo a vivir con su amnesia, hasta que las piezas del rompecabezas comenzaron a encajar.

Hoy, Jake está de regreso en Salem con su madre. Aunque sus recuerdos no han vuelto del todo, su fortaleza y resiliencia lo han convertido en una inspiración. Trabaja en una tienda de equipo de montaña y estudia en la universidad, decidido a recuperar lo que el bosque le arrebató. La familia de Michael Davis, por su parte, pudo finalmente despedirse de él tras años de incertidumbre.

La desaparición de Jake Morrison, que comenzó como un enigma inquietante con un coche sellado en el bosque, terminó revelando no un crimen, sino una historia de resistencia humana. Lo que parecía un caso de desaparición sin salida se transformó en una epopeya de supervivencia y redescubrimiento.

En las noches tranquilas, Sarah suele encontrar a Jake sentado en el porche, mirando la calle por la que una vez partió en aquel Uber fatídico. Cuando ella le pregunta qué piensa, él sonríe y responde con sencillez: “Solo agradecido de estar en casa”.

Una frase simple que encierra el milagro de haber regresado de entre la oscuridad.

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