
El mundo está lleno de misterios, pero pocos son tan perturbadores como los que involucran la desaparición de personas en lugares públicos a plena luz del día. El Parque Yongdusan, en el corazón de Busan, es un lugar vibrante, lleno de vida y risas. Sin embargo, hace casi una década, este sitio se convirtió en el escenario de un enigma que desafió a la policía, a los expertos en desapariciones y a la propia lógica del tiempo. Un padre y su pequeña hija se esfumaron sin dejar ni una sola pista, solo para reaparecer ocho años más tarde de una manera que nadie pudo haber previsto, sumidos en una locura que ha dejado a la sociedad coreana en un estado de shock absoluto.
Todo comenzó en una tarde soleada de primavera. Min-ho, un padre cariñoso, decidió llevar a su hija de cuatro años, Ji-woo, al parque para disfrutar de las vistas de la icónica Torre de Busan. Testigos aseguran haberlos visto comprando helados y riendo cerca de las escaleras mecánicas que suben hacia el templo central. En cuestión de minutos, el rastro se perdió. No hubo gritos, no hubo forcejeos, y las cámaras de seguridad, extrañamente, mostraron un punto ciego justo en el momento en que debían pasar por la salida principal. Durante meses, la búsqueda fue incesante, pero el Parque Yongdusan parecía habérselos tragado vivos.
Pasaron los años. La familia extendida perdió la esperanza, la policía archivó el caso como una posible huida voluntaria o un trágico accidente sin cuerpo, y el nombre de Min-ho se convirtió en una leyenda urbana local. Pero el destino tenía preparado un giro macabro. Exactamente ocho años después del día de su desaparición, en el mismo lugar donde fueron vistos por última vez, una figura desaliñada emergió de entre las sombras del atardecer.
Era Min-ho. Estaba irreconocible, con la piel curtida por un sol que no parecía el de la ciudad y vestido con harapos que no correspondían a ninguna moda actual. En sus brazos, sostenía firmemente a una niña. Lo que paralizó a los transeúntes no fue solo su aparición repentina, sino el hecho de que la niña en sus brazos parecía no haber envejecido ni un solo día. Tenía la misma ropa, el mismo peinado y la misma expresión de asombro que la pequeña Ji-woo de cuatro años que desapareció casi una década atrás.
El caos se apoderó del parque. Cuando la policía llegó, Min-ho no hablaba un idioma comprensible; balbuceaba frases sobre “el lugar donde el sol no se pone” y “los que vigilan desde el muro”. Sus ojos reflejaban un terror profundo, una locura que parecía haber sido forjada en una realidad distinta a la nuestra. Lo más inquietante fue el informe médico posterior: Min-ho presentaba signos de haber envejecido mucho más de ocho años físicamente, mientras que la niña estaba en perfecto estado de salud, pero atrapada mentalmente en el día de su desaparición.
Los investigadores están desconcertados. ¿Dónde estuvieron durante casi tres mil días? ¿Cómo es posible que un adulto regrese mentalmente destrozado mientras que una niña parece haber saltado a través del tiempo sin envejecer? El Parque Yongdusan ha sido revisado de arriba abajo buscando pasadizos ocultos o búnkeres, pero no se ha encontrado nada. Los expertos en psicología criminal sugieren que Min-ho sufrió un colapso psicótico extremo, pero eso no explica el fenómeno biológico de su hija.
La comunidad internacional ha puesto sus ojos en Busan. Este caso ha reabierto debates sobre dimensiones paralelas, secuestros inexplicables y la fragilidad de nuestra percepción de la realidad. Mientras Min-ho permanece bajo custodia en una institución psiquiátrica de alta seguridad, sin poder articular una sola palabra coherente sobre su paradero, la pequeña Ji-woo pregunta por su madre como si solo hubieran pasado cinco minutos desde que salió de casa.
Esta historia nos recuerda que, a veces, los lugares más familiares esconden grietas por las que la vida puede escaparse. El Parque Yongdusan sigue abierto, los turistas siguen subiendo a la torre, pero hay un silencio incómodo que ahora rodea sus rincones sombreados. ¿Es posible que sigan existiendo misterios que la ciencia nunca podrá descifrar? El caso de Min-ho y su hija es la prueba viviente de que la verdad, a veces, es mucho más terrorífica que cualquier ficción.