
La madrugada en Arlington, un vecindario tranquilo de Jacksonville, Florida, se vio abruptamente interrumpida por una escena que parecía sacada de una pesadilla. Eran las 3:00 a.m. del 30 de marzo de 2025 cuando el silencio se rompió. Un vecino, alarmado por lo que veía a través de su ventana, marcó el 911. En la vía pública deambulaba un hombre visiblemente desorientado, con heridas sangrantes en una pierna y una mano. Al llegar las patrullas, el sujeto se identificó simplemente como Carlos. Estaba aturdido, pero su presencia allí era solo el preludio de un horror mucho mayor que aguardaba a pocos metros de distancia.
Los oficiales, entrenados para leer las señales que otros ignoran, notaron un rastro oscuro sobre el pavimento. Gotas y manchas que formaban un camino macabro desde la calle hasta el interior de uno de los complejos residenciales. Siguiendo esa línea con cautela, arma en mano y los sentidos alerta, llegaron hasta la puerta de un apartamento. Al cruzar el umbral, la esperanza de que se tratara de un incidente menor se desvaneció. Allí, en una de las habitaciones, yacía el cuerpo sin vida de Yannelis Casales, una joven cubana de 30 años cuya luz fue apagada de manera brutal.
Un Sueño Construido con Esfuerzo y Espera
Para entender la magnitud de esta pérdida, es necesario rebobinar la cinta. Yannelis de la Caridad Casales Antón no era una cifra más en las estadísticas policiales; era una mujer llena de vida, sueños y una determinación de hierro. Originaria de Santiago de Cuba, había emprendido la difícil travesía migratoria en 2022, cruzando fronteras a través de Nicaragua, Honduras, Guatemala y México hasta llegar a Estados Unidos.
Su objetivo era claro y noble: progresar para ayudar a sus padres que permanecían en la isla. Se estableció en Jacksonville, donde reside una gran parte de la comunidad cubana, y comenzó desde cero. Logró regularizar su estatus mediante el formulario I-220A y, con el tiempo, se convirtió en un ejemplo de superación. Sus redes sociales eran un diario de optimismo: rutinas de gimnasio, logros laborales y mensajes de motivación para otras mujeres.
Pero había una pieza faltante en su rompecabezas de felicidad: Carlos Jordán Saldana. Su relación había comenzado en Cuba y, a pesar de la distancia, Yannelis se mantuvo fiel a la promesa de un futuro juntos. La historia de Carlos era compleja; había estado recluido en prisión en la isla por un caso pendiente, y durante ese tiempo, Yannelis fue su pilar, esperando su liberación y apoyando su proceso migratorio desde la Florida. Trabajó incansablemente, ahorrando cada dólar posible para preparar el terreno para cuando él llegara.
El Reencuentro que se Volvió Viral
El 16 de marzo de 2025, el destino parecía finalmente sonreírles. Ese día, Yannelis, vestida con ropa cómoda pero con el corazón acelerado, fue al aeropuerto de Jacksonville. Llevaba globos de corazón y uno con la frase “Bienvenido de nuevo”. Cuando vio a Carlos bajar del avión, la emoción fue incontenible.
El video de ese momento, que ella misma compartió, mostraba la culminación de años de angustia y espera. “3 años y un mes. Ya se logró. Gracias, Señor. Hoy veo tu obra en mí”, escribió. Para el mundo exterior, era el inicio del “felices para siempre”. Los primeros días transcurrieron en una aparente luna de miel, con Yannelis mostrando a Carlos su nueva vida, ayudándolo a adaptarse al sistema americano, ilusionada con los planes que ahora podrían materializar juntos.
La Noche en que Todo se Quebró
Nadie podía presagiar que, tan solo dos semanas después de aquel abrazo en el aeropuerto, la violencia se desataría de forma tan cruel. La noche del crimen, la discusión —si es que la hubo— no trascendió las paredes hasta que fue demasiado tarde.
El hallazgo del cuerpo de Yannelis reveló una saña incomprensible. Presentaba más de trece heridas provocadas por un objeto punzocortante. La brutalidad del ataque sugería algo más que un simple arrebato momentáneo; había una furia desmedida. Carlos, el único otro ocupante de la vivienda y la persona por la que Yannelis había sacrificado tanto, fue detenido de inmediato. Las heridas que él presentaba, según los primeros informes forenses, parecían ser autoinflingidas, posiblemente en un intento de manipular la escena o quizás, fruto de la desesperación posterior al acto.
La Confesión Grabada: “La Asesiné”
La investigación policial dio un giro contundente gracias a la tecnología y la vigilancia vecinal. Una cámara de seguridad del complejo captó un momento escalofriante que desmontaba cualquier posible coartada de defensa propia o accidente.
En la grabación, se ve a Carlos poco después del suceso. Se encuentra con otro residente, también cubano, y con una frialdad que hiela la sangre, confiesa: “La asesiné”. El vecino, incrédulo y en shock, le grita: “Tú estás loco”, mientras Carlos, indiferente, le advierte que no piensa limpiar nada. Diecisiete minutos después de esa interacción, la policía lo interceptaba. Esa grabación se ha convertido en la pieza central de la acusación, una prueba irrefutable de la autoría del crimen.
El Clamor por Justicia: ¿Segundo o Primer Grado?
Actualmente, Carlos Jordán Saldana enfrenta cargos por asesinato en segundo grado. En el sistema legal de Florida, esto implica un homicidio con intención pero sin la planificación previa necesaria para el primer grado. Sin embargo, para la familia y los amigos de Yannelis, esta calificación es un insulto a su memoria.
“¿Cómo va a ser segundo grado? Fueron 13 puñaladas. Él sabía lo que hacía”, declaró Melanie Melissa Omosan, amiga cercana de la víctima, en una publicación que se ha compartido cientos de veces. La comunidad argumenta que la severidad del ataque y la confesión posterior demuestran una consciencia plena de los actos, y exigen que la fiscalía eleve los cargos a primer grado, lo que podría conllevar la pena capital o cadena perpetua sin posibilidad de fianza.
Desde Cuba, el padre de Yannelis, destrozado, expresó su incredulidad ante los medios: “No entiendo qué pudo haber pasado. Solo quiero que el cuerpo de mi hija vuelva para darle sepultura como merece”. La familia, con la ayuda de la comunidad, logró recaudar fondos en tiempo récord para la repatriación, aunque el proceso ha estado plagado de trabas burocráticas y momentos de dolorosa incertidumbre con la funeraria.

Una Realidad Alarmante
El caso de Yannelis no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia preocupante. En los primeros tres meses de 2025, al menos nueve mujeres cubanas han perdido la vida de forma violenta fuera de la isla. Estos crímenes ponen de manifiesto que la migración, aunque ofrece oportunidades económicas, también puede exponer a las mujeres a nuevos riesgos, lejos de sus redes de protección tradicionales.
Organizaciones de apoyo en Florida reiteran que existen recursos: líneas de ayuda 24 horas, refugios y asistencia legal gratuita, sin importar el estatus migratorio. El miedo a la deportación a menudo silencia a las víctimas, pero el mensaje de los defensores es claro: la vida está por encima de cualquier trámite administrativo.
Hoy, Jacksonville llora a una mujer que lo dio todo por amor y por un futuro mejor. La vigilia frente al edificio judicial, con velas y fotos de Yannelis sonriendo, es un recordatorio de que su luz no se apagará mientras exista quien exija justicia. La comunidad espera que el sistema judicial escuche su reclamo y que el responsable pague con la máxima pena por haber traicionado de la forma más vil la confianza y la vida de quien solo buscaba su bienestar.