
En el verano de 1978, un avión de carga de la compañía Evergreen Provisions desapareció sin dejar rastro en algún punto del Pacífico Norte. A bordo viajaban seis personas, junto con una carga declarada como “material agrícola clasificado”. Durante meses, las autoridades buscaron sin éxito. Años después, cuando parte de la aeronave fue localizada, las grabaciones de la caja negra revelarían algo que no solo desataría teorías conspirativas, sino que pondría en duda la verdadera naturaleza de la empresa.
¿Quién estaba realmente detrás de Evergreen Provisions?
¿Era solo una compañía logística… o una fachada para operaciones más oscuras?
Los orígenes de una empresa en la sombra
A inicios de la década de 1970, mientras Estados Unidos enfrentaba la resaca de la guerra de Vietnam y la transición hacia una nueva era tecnológica, nació una pequeña compañía en el estado de Oregón: Evergreen Provisions, Inc. Oficialmente, se dedicaba al transporte de suministros agrícolas y productos perecederos hacia territorios del Pacífico y del Sudeste Asiático.
Su fundador, Harold J. Franklin, era un empresario discreto pero con un historial sorprendentemente variado: había trabajado como contratista civil para el gobierno y, según algunos documentos desclasificados años después, mantenía estrechos vínculos con la Fuerza Aérea.
La empresa creció rápidamente, obteniendo permisos y contratos que otras compañías similares tardaban años en conseguir. En 1973, ya contaba con una flota de aviones Lockheed L-188 Electra modificados para vuelos de largo alcance, y con una red de contactos en Filipinas, Guam, y Tailandia.
Detrás de esa fachada comercial, sin embargo, comenzaban a acumularse rumores.
Línea de tiempo: el ascenso y la desaparición
1970 – Fundación de Evergreen Provisions, Inc. en Oregón, EE.UU.
1973 – Obtiene contratos federales de transporte de “ayuda humanitaria” hacia Asia.
1975 – Compra tres aviones Lockheed Electra con modificaciones no registradas oficialmente.
1977 – Expande operaciones al Pacífico Norte.
1978 (junio) – El vuelo EP-207 despega de Anchorage rumbo a Manila. Desaparece en ruta.
1981 – Se recuperan restos del fuselaje cerca de las Islas Midway.
1983 – Se confirma la existencia de una caja negra parcialmente dañada.
1990s–presente – Surgen nuevas investigaciones y teorías sobre el verdadero propósito de la misión.
El vuelo EP-207: la última transmisión
El 23 de junio de 1978, el vuelo EP-207 despegó desde Anchorage, Alaska, con destino a Manila. El manifiesto de carga indicaba “componentes agrícolas y material de conservación biológica”. Sin embargo, un técnico del aeropuerto declaró posteriormente que las cajas cargadas no tenían marcas comerciales y que personal no identificado supervisó todo el proceso.
A las 22:41, la torre de control recibió la última comunicación conocida del capitán Richard Malone:
“Todo en orden. Ajustamos altitud a 14 mil. Vemos luces al sur… parecen de otro tráfico aéreo, pero no están en radar.”
Después de esa transmisión, el radar registró una breve pérdida de señal, seguida por un eco confuso, como si el avión hubiera descendido abruptamente. Nunca más se supo del EP-207.
Durante semanas, la Guardia Costera y la Marina estadounidense rastrearon el Pacífico sin resultados. Finalmente, el caso fue cerrado con la causa oficial: “falla mecánica desconocida.”
El hallazgo en Midway
Tres años más tarde, en abril de 1981, un equipo de investigación marina privada encontró fragmentos de fuselaje metálico cerca de las Islas Midway. Las piezas coincidían con el número de serie del avión desaparecido. Entre los restos, un objeto llamó la atención: una caja negra parcialmente corroída, pero todavía legible.
El análisis del registro de audio reveló algo desconcertante. En los últimos minutos de grabación, se escuchaban frecuencias y voces superpuestas, como interferencias de radio que no provenían del interior de la cabina. Los investigadores identificaron frases en un idioma no reconocido, seguidas por un sonido metálico prolongado, y luego… silencio.
Un técnico que participó en la restauración declaró años después:
“No era una falla técnica. Aquello parecía una transmisión externa, interceptando o distorsionando la señal. No tenía precedentes en nuestros registros.”
Las conexiones invisibles
A partir de ese hallazgo, comenzaron a surgir conexiones inquietantes. Documentos obtenidos bajo la Ley de Libertad de Información (FOIA) revelaron que Evergreen Provisions había recibido financiamiento de una entidad asociada a la CIA, destinada oficialmente a “proyectos de desarrollo agrícola en Asia”. Sin embargo, los vuelos de la compañía coincidían con operaciones militares clasificadas en Laos y Camboya durante los años 70.
Antiguos empleados afirmaron que algunos aviones eran modificados para transportar equipo no convencional, y que las rutas eran “determinadas por órdenes directas del gobierno”.
Uno de ellos, bajo condición de anonimato, dijo:
“Nos dijeron que volábamos medicinas y alimentos. Pero una vez vi una caja marcada como ‘material óptico experimental’. Y no era agrícola.”
Las grabaciones olvidadas
En 1983, un periodista independiente, Michael Rourke, logró obtener copias parciales de la grabación de la caja negra. En su investigación publicada en 1984, destacó un fragmento de 11 segundos donde se escuchaban tres golpes metálicos, seguidos por una voz femenina que decía algo similar a “Return now” (“Regresen ahora”).
Nadie pudo explicar cómo esa voz pudo registrarse en el sistema interno de la cabina, ya que solo se grababan los micrófonos de los pilotos. Algunos ingenieros propusieron que el fenómeno se debía a una interferencia electromagnética, mientras otros lo atribuyeron a un fallo en la cinta magnética.
Pero entre los teóricos más escépticos, comenzó a surgir otra hipótesis: ¿y si la interferencia provenía de un dispositivo a bordo, parte de una carga que nunca fue declarada?
El silencio oficial
A pesar de las revelaciones, el gobierno de Estados Unidos mantuvo silencio. En 1985, Evergreen Provisions cesó operaciones abruptamente y todos sus archivos corporativos fueron transferidos a una subsidiaria llamada Northern Fields Logistics. Poco después, esa nueva empresa desapareció del registro público.
Los familiares de los seis tripulantes aún reclaman acceso completo a la investigación. La esposa del copiloto, Eleanor Malone, declaró en una entrevista en 1991:
“Nos dijeron que fue un accidente. Pero cuando pedí el informe de autopsia, me dijeron que los cuerpos no habían sido recuperados. ¿Cómo pueden estar seguros, entonces, de que fue un accidente?”
Las teorías
Con el paso del tiempo, tres principales teorías surgieron entre los investigadores y aficionados:
Falla técnica encubierta: El avión transportaba materiales químicos experimentales que causaron una explosión interna, motivo por el cual el gobierno selló la información.
Operación encubierta de inteligencia: Evergreen Provisions servía como fachada para transportar tecnología o agentes durante la Guerra Fría, y el EP-207 fue víctima de una misión que salió mal.
Fenómeno anómalo: Los registros de la caja negra y las distorsiones de radio apuntan a un evento electromagnético o atmosférico inexplicado.
Ninguna de ellas ha podido confirmarse, pero todas comparten un elemento común: el secreto.
Ecos en el presente
Décadas después, en 2019, un equipo de oceanógrafos japoneses identificó un objeto metálico a 4.200 metros de profundidad cerca del área original de búsqueda. Algunos creen que podría ser el fuselaje restante del EP-207. Sin embargo, hasta hoy, ninguna expedición ha logrado llegar al punto exacto debido a la presión extrema del entorno.
Mientras tanto, los registros corporativos de Evergreen Provisions siguen siendo un rompecabezas. La empresa parece haber existido y desaparecido en los márgenes de la historia, dejando tras de sí una sola pregunta que persiste entre investigadores y familiares:
¿Qué llevaba realmente ese avión?
Conclusión abierta
El caso de Evergreen Provisions se mantiene como uno de los episodios más enigmáticos de la aviación moderna. No hay pruebas definitivas de conspiración, pero tampoco explicaciones satisfactorias. Entre los silencios del gobierno, las grabaciones alteradas y los nombres borrados de los archivos, persiste la sensación de que parte de la verdad sigue sumergida en el fondo del Pacífico.
Quizás algún día, cuando la tecnología permita recuperar la totalidad del fuselaje, las voces grabadas en aquella cinta corroída revelen algo más que un accidente: tal vez cuenten la historia de una empresa que voló demasiado cerca de los secretos de su tiempo.