
En el verano de 1998, la Ciudad de la Luz se convirtió en escenario de una de las desapariciones más inquietantes de las últimas décadas. Diana y Nicole Murphy, dos hermanas estadounidenses de 16 y 14 años que participaban en un programa de intercambio en París, salieron una tarde de julio con la ilusión de fotografiar la Torre Eiffel al atardecer. Jamás regresaron.
Su desaparición desató un caso internacional que uniría a las autoridades francesas y estadounidenses en una investigación que duró 20 años. Durante todo ese tiempo, su familia vivió en la incertidumbre más dolorosa, sin respuestas, hasta que en 2018 una reforma en un viejo edificio parisino reveló el secreto más oscuro que la ciudad había ocultado.
La última vez que se las vio
La tarde del 15 de julio de 1998, las cámaras de seguridad captaron a las hermanas paseando por los Jardines del Trocadero, sonriendo y disfrutando de un helado. Vestían de forma sencilla: Diana con su chaqueta de mezclilla favorita y Nicole con una camiseta de los Portland Trail Blazers, recuerdo de su hogar en Oregón.
Minutos después, se las vio conversando con un hombre bien vestido que llevaba equipo fotográfico profesional. El individuo parecía amable, señalaba la Torre Eiffel y hablaba en un inglés fluido con acento francés. Las imágenes lo mostraban gesticulando como si les ofreciera hacerles fotos. Las adolescentes lo siguieron, alejándose poco a poco de la multitud. Esa fue la última vez que se las vio con vida.
Cuando no regresaron a casa a la hora acordada, su familia anfitriona alertó a la policía. En cuestión de horas, la desaparición se transformó en un caso prioritario. Sin embargo, la investigación pronto se topó con un muro de misterio: los teléfonos móviles de las chicas fueron encontrados tirados en una papelera, y ninguna pista sólida emergía.
Una investigación internacional
El caso atrajo la atención de los medios de todo el mundo. Las fotos escolares de Diana y Nicole inundaron los noticieros. La policía francesa, en conjunto con el FBI y posteriormente Interpol, rastreó miles de pistas. Testimonios de testigos señalaban que las jóvenes caminaron con el fotógrafo hacia una zona de edificios abandonados. Sin embargo, cada indicio terminaba en un callejón sin salida.
El sospechoso nunca fue identificado. Solo se sabía que medía cerca de 1,80, rondaba los 40-50 años y portaba equipo fotográfico caro. La hipótesis más fuerte apuntaba a un depredador que se hacía pasar por fotógrafo profesional para atraer a chicas jóvenes, especialmente turistas.
El caso quedó como un expediente frío. Durante años, cada aniversario, la familia Murphy regresaba a París a dejar flores en el lugar donde sus hijas habían sido vistas por última vez. La imagen de Susan Murphy, la madre, sosteniendo dos rosas bajo la sombra de la Torre Eiffel, se convirtió en un símbolo de dolor y esperanza.
El hallazgo que lo cambió todo
En marzo de 2018, durante la remodelación de un viejo estudio fotográfico en el distrito 16 de París, unos obreros encontraron una pared falsa que ocultaba una pequeña habitación sellada. Dentro, había estanterías llenas de cajas cuidadosamente etiquetadas con fechas que iban de 1995 a 2013.
Al revisar el contenido, los investigadores descubrieron cámaras, rollos fotográficos y, lo más inquietante, pertenencias personales de varias jóvenes desaparecidas en Europa. Entre ellas, la chaqueta de mezclilla de Diana y la camiseta de Nicole. También estaban sus pasaportes, el diario de Nicole y la cámara fotográfica que llevaba el día de su desaparición.
El estudio había pertenecido a Henry Dubois, un fotógrafo comercial parisino que había muerto en 2015. A simple vista, Dubois era un profesional respetado, con trabajos publicados en revistas y campañas de moda. Sin embargo, el hallazgo demostró que llevaba una doble vida: durante dos décadas había usado su oficio como fachada para cazar jóvenes turistas con sueños de convertirse en modelos.
El archivo macabro
Dentro del estudio se hallaron 12 cajas, cada una asociada a una víctima. En ellas había fotografías que empezaban siendo retratos casuales de chicas sonrientes en lugares turísticos, pero que gradualmente se tornaban perturbadoras, mostrando miedo, desesperación y resignación.
El diario de Nicole confirmaba cómo Dubois las había abordado: les habló de su “ojo para la moda”, les mostró credenciales aparentemente auténticas y les ofreció una sesión de prueba para una revista reconocida. Las jóvenes, emocionadas y confiadas, lo siguieron hasta su estudio. Nunca salieron de allí.
La investigación forense reveló que Dubois había construido un sótano con habitaciones insonorizadas, ocultas tras paredes falsas. Allí mantenía a sus víctimas, documentando cada paso de su manipulación y sometimiento a través de su cámara. Su crueldad se disfrazaba de arte: en sus diarios privados describía sus crímenes como “transformaciones de inocencia”.
El impacto internacional
El hallazgo no solo resolvió el caso Murphy, sino que conectó varias desapariciones ocurridas en ciudades como Venecia, Barcelona y Lyon. Se confirmó que Dubois había viajado extensamente por Europa, siempre con su cámara, siempre en busca de nuevas presas.
Finalmente, en el verano de 2018, tras excavaciones en el sótano, se encontraron restos humanos pertenecientes a 12 víctimas, entre ellas Diana y Nicole Murphy.
Las hermanas fueron repatriadas a Estados Unidos en diciembre de ese año, recibidas con honores en una ceremonia solemne. Después de dos décadas de dolor e incertidumbre, su familia pudo darles un entierro digno.
Un legado de advertencia
El caso provocó un terremoto en la percepción de seguridad turística en Europa. París y otras ciudades implementaron protocolos más estrictos para proteger a visitantes y estudiantes de intercambio. El nombre de Henry Dubois se convirtió en sinónimo del depredador oculto tras la fachada del glamour y el arte parisino.
Hoy, la historia de Diana y Nicole no solo es un recordatorio del peligro que puede acechar en los lugares más inesperados, sino también un testimonio de la resistencia de una familia que nunca dejó de buscar la verdad.
La Ciudad de la Luz brilla, pero en sus sombras aún resuena el eco de las hermanas Murphy, cuyo sueño parisino se convirtió en una pesadilla que el mundo jamás olvidará.